La noticia de que un juez español acusa al gobierno de Caracas de complotarse con los terroristas de la ETA y de las FARC colombianas no debiera sorprender.
Es posible que cauce algunos roces entre el gobierno de España y el régimen de Hugo Chávez, pero de ahí no pasará lamentablemente.
Desde hace mucho es conocida la alianza entre todo tipo de terroristas, de manera especial cuando viven y son alimentados por un gobierno del tipo del de Hugo Chávez.
Esta vez tocó a un oscuro juez español, Eloy Velasco, acusar a Caracas de colaborar con la ETA y los rebeldes colombianos en un complot para asesinar al presidente colombiano Álvaro Uribe.
Velasco no tiene todavía la notoriedad de otro juez español, Baltasar Garzón, pero esta vez consiguió que mucha prensa aprestara atención a sus acusaciones. Hasta el momento su labor en los tribunales se caracterizó por casos locales o nacionales, cuya importancia fuera del ámbito interno era pequeña, a diferencia de los grandes casos de Garzón, que incluyeron al ex general Augusto Pinochet.
De acuerdo con el documento acusatorio, las relaciones entre el gobierno de Caracas, la ETA y las FARC en sus afanes de eliminar a figuras claves de Bogotá datan desde el año 2003, e involucran incluso el complot de asesinato de otro ex mandatario colombiano, el ex presidente Andrés Pastrana.
Las relaciones están detalladas en los famosos archivos encontrados en la computadora del líder rebelde colombiano Raúl Reyes, que fue muerto durante una emboscada dentro del territorio ecuatoriano por las fuerzas armadas de Colombia.
Luego de los descubrimientos con toda seguridad la inteligencia de Colombia (e incluso la norteamericana) hizo llegar a muchas manos la valiosa documentación de Reyes.
El juez Velazco no ha dicho todavía cuáles son sus fuentes, pero no es extrañar que la muerte del líder guerrillero haya sido para él un verdadero maná.
Es lícito hacer notar que por su parte hizo su trabajo, pues encontró en sus pesquisas que soldados caraqueños escoltaron a varios de los complotados, entre ellos cabe destacar al etarra Arturo Cubilla Fontán, durante el entrenamiento sobre explosivos entre los grupos terroristas.
En Caracas la acusación llegó en un momento en que Chávez está a la defensiva en todos los frentes. Esta vez, como en anteriores, el mandamás venezolano se burló de Velasco, del gobierno de España, y de otros muchos que no tenían nada que ver con el acta acusatorio.
Pero el incidente llega en momentos en que el presidente español José Luis Zapatero estaba tratando de limar asperezas y acercarse a Chávez.
A Zapatero no le quedó otro remedio que pedir explicaciones a Caracas, y aclarar que las estaban esperando.
En total 12 individuos fueron acusados por el juez Velasco del complot para asesinar a altas figuras de Colombia, entre las que está además de Pastrana y Uribe, el candidato presidencial Francisco Santos.
Caracas reconoció que Cubillas Fontán vivía en Venezuela, pero su legalidad fue asegurada entre un pacto entre el entonces presidente venezolano Carlos Andrés Pérez y el gobierno de Madrid.
El pacto no contemplaba por supuesto que a los etarras se les permitiera complotarse libremente para asesinar a líderes extranjeros, y mucho menos que se aliaran con otros grupos terroristas para cometer sus fechorías sin ningún peligro de deportación o encarcelamiento.
Pero como España no juzga a acusados en ausencia, lo más probable que las actas acusatorias de Velasco pasen a envejecerse en un oscuro archivo, a menos que otras cosas ocurran en Venezuela.
Por ahora la denuncia ha recorrido buena parte del mundo de habla hispana y puso de manifiesto otra vez hasta donde llega la mano de Hugo Chávez.
Por Miguel A. Sánchez