Me acuerdo como si fuera ayer. Hiram Monserrate y José Peralta subidos en un automóvil descapotable, al centro la dominicana Amelia Vega Miss Universo 2003, ¡siete años han pasado ya! recorriendo la avenida 39, en Jackson Heights. Todos felices, todos contentos, levantando la mano a los despistados transeúntes.
El tiempo se encarga de borrar las heridas o …..de abrirlas.
Ahora los grandes amigos, la dupla de oro les decían, están en medio de una batalla por el sillón del senado que Monserrate ha dejado vacante, bueno, lo declararon vacante por el asunto de la novia y ya para que más comentarios.
El asunto es que hay un fuego cruzado entre los dos que deja mucho que desear. Las palabras ¡traidor!, ¡desleal!, ¡atacante de mujeres!, ¡atropellador! abundan de puertas para adentro. ¿No hay otra forma de hacer campaña? ¿Hay un modo decente de buscar el voto de los residentes?
En el medio de la tormenta, flotando como barco a la deriva, han puesto como mascarón de proa, el apoyo ó el rechazo a tal o cuál candidatura de parte de la comunidad Gay. ¡Vamos, señores, eso es cuento, y cuento por capítulos lo que es peor!
Los residentes se merecen el respeto de una campaña alturada, no la discusión de establecimientos de comida callejeros, con perdón de los vendedores.
La comunidad latina se encuentra ad portas de un momento importante: la próxima discusión de una ley para la reforma migratoria, que beneficiará mayormente a la comunidad latina y sus representantes deben exhibir transparencia, competencia, autoridad moral y ejemplo.
Los ojos de Norteamérica están sobre nosotros y lo que hagan y digan Monserrate y Peralta estará, está, en boca de todos. ¿Acaso la simultaneidad de los medios de comunicación, prensa y Tv, internet incluido, no amplifica cada una de las acciones de ambos?
¿Alguien sabe que Monserrate ha tenido miles de visitas en Google y Yahoo? Pues sí, y es comprobable. Solamente 10 horas antes de cerrarse ésta columna 516 entradas de Monserrate se registraban en Google y, sabemos, entradas no son visitas, son noticias, la mayoría en inglés.
Admitiendo que es pecar de inocentes esperar que una campaña electoral sea correcta, y lo correcto tiene fronteras indefinibles en política, todos esperamos que no se repitan en la nueva casa las prácticas que son moneda corriente en Latinoamérica, igual en Colombia como en República Dominicana, lugar de origen de nuestros dos políticos, igual en Perú que en Chile. Todo esto es un mal republicano, solíamos decir allá.
Pero otros dicen ¿Acaso en Norteamérica no hemos visto casos similares, de fuego graneado, entre candidatos, incluso, presidenciales? ¿Acaso a Obama no le hicieron una contra campaña feroz en las elecciones presidenciales? ¿Acaso no pusieron en tela de juicio su ciudadanía norteamericana, que es lo peor que se le puede cuestionar a un político porque significa que es ilegítimo su mandato?
Si, es cierto, más somos una nueva minoría, que aspira a tener un lugar principal en la vida estadounidense y ese lugar se debe ganar, no lo tenemos de antemano guardado en el bolsillo, y para ello debe traer a la palestra prácticas de política que nos hagan ganar el respeto de todos. No podemos escudarnos en aquello de que todos lo hacen y ¿porque nosotros no?
En ésta hora descubrir como ofrecer al ciudadano americano nuevas formas de hacer política es nuestro gran reto. Quizá debemos buscar en los orígenes, en Los Padres Fundadores.
Por Gery Verau